La propuesta de legalizar la eutanasia activa se ha complicado sobremanera, cuando se trata de algo muy sencillo: la decisión de una persona sobre su propia vida. La, también denominada, “muerte asistida” no es diferente de la ley de voluntad anticipada. Ambas constituyen lo mismo: la primera es de tipo activa y la segunda es pasiva, de acuerdo a Enrique Sánchez Jiménez en La eutanasia ante la moral y el derecho.
En Diccionario Breve de Medicina de Blakiston se entiende la eutanasia como la muerte fácil o tranquila en una persona que sufre una enfermedad incurable y muy dolorosa. El diccionario Mosby define a la activa como positiva.
Sin embargo sí hay una gran diferencia desde el punto de vista del enfermo terminal. Es decir, la eutanasia pasiva sólo faculta al paciente a suspender todo tipo de tratamiento médico que prolongue su vida, como un respirador por ejemplo. Ello no quiere decir que la persona acabará ipso facto con su dolor.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra dignidad como el decoro de las personas en la manera de comportarse, vivir y por lo tanto, morir. El condenar al otro a una espera lenta y agonizante resulta egoísta e, incluso, involucra un acto criminal, a diferencia de la eutanasia.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 contempla, en su artículo quinto, que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.” Ergo, el permitir que una persona termine con su agonía es equivalente a respetar su dignidad humana.
Además de la perspectiva del enfermo terminal y la familia, está también la de los médicos. Es en este ámbito donde las controversias estarían “más justificadas”, ya que el juramento hipocrático prohíbe dar “una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin”.
Empero, se cita esta otra línea para refutar: “No operaré a nadie por cálculos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica.” Ello quiere decir que en la época en que el juramento fue escrito no se le relegaba al médico la responsabilidad de operar a alguien.
Hoy día, los médicos son adiestrados para llevar a cabo intervenciones quirúrgicas. Entonces, el juramento hipocrático demuestra su caducidad en algunas áreas y la eutanasia es también la excepción.
Una cuestión que no debe ser descuidada por los médicos, en caso de aprobarse la reforma a la ley, es la calidad humana que ofrecen a sus pacientes. José Manuel Manzano, presidente de la Asociación Mexicana de Tanatología arguye que el 80% de éstos no están preparados para atender a enfermos terminales, de cáncer o sida.
Como ha sucedido a lo largo de la historia de México, organismos ajenos al gobierno quieren intervenir en la legislación.
El argumentar que “sólo Dios puede quitar la vida” es demeritar al Estado, aquella figura suprema de la que hablaba Hobbes en su Leviatán. Aceptar la intromisión de la iglesia significa un retroceso en la civilización que ha logrado el ser humano.
Por ello, los diputados locales del PRD, PAN, PRI y PT rechazaron las críticas de la arquidiócesis de México, quien acusó a la asamblea legislativa de ser la más onerosa y aprobar leyes absurdas. Aun cuando sea pertinente la primera declaración, la iglesia como institución, no tiene derecho a violar el estado laico de México.
Declaraciones conservadoras que toman en cuenta un ente, cuya existencia es imposible probar, sólo dan indicios de que no son aptos para el gobierno, tal como ya lo habían demostrado en su “gestión” durante la Edad Media con su inquisición. Por lo tanto, se le resta importancia a las opiniones emitidas por la institución religiosa, además del hecho de que nuestra constitución política lo avala.
Otros organismos no gubernamentales, como lo es Pro vida, exponen de forma muy débil y pueril, las razones por las cuales no debe legalizarse la eutanasia. En su página de Internet sólo hace referencia a Holanda y lo describe como un caso fatalista, sin tomar en cuenta otros países y, sobre todo, el nuestro.
Cuando reprueban el aborto hacen referencia a que las mujeres no tienen derecho a decidir sobre su cuerpo porque hay de por medio una vida. En el caso de la muerte asistida se trata de la legitimidad de cada persona sobre su cuerpo, no hay más. Su validez queda anulada al argüir que la eutanasia activa “es contagiosa”.
Lo peor de esta situación es que ha sido tomada con desidia. Ya desde mayo del 2005, de acuerdo a información de La Jornada, se pretendía reformar el Código Penal para permitir esta práctica, pero no se le había retomado hasta ahora, cuando se convirtió en tema de moda.
Información de La Jornada señala que el Partido Revolucionario Institucional, PRI, apoya la iniciativa para modificar la ley de voluntad anticipada y permitir la eutanasia activa o positiva, lo cual desató la riña entre partidos, pues PAN y Nueva Alianza no están de acuerdo.
Si el cambio a la ley dependiera de un proceso democrático estaríamos ante un gran dilema. De acuerdo a una encuesta realizada por Milenio, el 51% de los habitantes de la Ciudad de México apoya legalizar la eutanasia activa, contra el 43 por ciento que se opone a esta propuesta.
Cifras del INEGI arrojan, en lo tocante al cáncer: en 2006, de cada 100 egresos hospitalarios de mujeres, 20 fueron por cáncer de mama, 13 por cáncer en el cuello del útero y 12 por leucemias. En el mismo año, de los hombres, 19 de cada 100 egresos fueron por leucemias, cerca de 8 por cáncer de próstata y 6 por cáncer de tráquea, bronquios y pulmón.
El cáncer es sólo una enfermedad de la gran variedad que existe, cuya desarrollo conlleva a la etapa ulterior. Aunado a lo anterior, están los datos de la Secretaría de Salud: la tercera parte de las muertes que se registran al año en México se deben a enfermedades terminales.
Es obvio que se trata de un tema de interés general… pero si se trascienden las meras cifras queda el planteamiento del porqué se ha puesto tan en boga, en estos últimos días. La cuestión es ¿populismo electorero? o ¿preocupación genuina por el pueblo?
Uno de los principales problemas en torno a las modificaciones en las legislaciones, es la falta de unidad en las gestiones administrativas: es válido tener puntos de vista diferentes; sin embargo, lo que ocurre en México se inclina al antagonismo.
Por ejemplo Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, está a favor de esta iniciativa. El secretario de salud del D.F., Armando Ahued, está en contra so pretexto de que es obligación del Estado ver por sus pacientes…cuando no todas las personas tienen acceso al sector salud (con el seguro popular debe pagarse una cuota)
Más allá de las grescas entre partidos políticos debe buscarse el bienestar de las personas y, si ello conlleva a la aprobación del la muerte asistida es preciso que sea admitido, aun cuando no sea lo más importante en la agenda nacional, como el asunto energético y económico, por ejemplo.